En un mundo cada vez más afectado por el cambio climático y la transformación urbana acelerada, las narrativas orales emergen como una herramienta poderosa para recuperar la memoria colectiva y diseñar futuros urbanos más resilientes. Las ciudades globales, desde Bilbao hasta Gotemburgo, pasando por metrópolis en América Latina, Asia y África, guardan en la voz de sus habitantes más antiguos historias de adaptación, resistencia y convivencia con el entorno natural que pueden iluminar las estrategias de adaptación climática del siglo XXI. Este enfoque no solo preserva el patrimonio inmaterial, sino que lo convierte en conocimiento práctico para enfrentar desafíos contemporáneos como inundaciones, olas de calor o pérdida de biodiversidad urbana.
La memoria colectiva no es un ejercicio nostálgico, sino un instrumento de gobernanza urbana transformadora. Cuando los vecinos comparten sus vivencias sobre cómo sus barrios enfrentaron sequías, riadas o procesos de industrialización, se revelan patrones de organización social, saberes ecológicos locales y formas de relación con la naturaleza que las soluciones técnicas modernas suelen pasar por alto. En ciudades globales, donde la migración constante reconfigura permanentemente el tejido social, recuperar estas narrativas se convierte en un acto de justicia epistémica que reconoce el valor del conocimiento no académico.
Los barrios bilbaínos de Betolaza, Circunvalación y Uretamendi representan un caso emblemático de cómo la memoria colectiva puede alimentar procesos de regeneración urbana. Sus habitantes originales, mayoritariamente migrantes rurales llegados desde 1950, construyeron literalmente sus barrios con sus propias manos. Organizaron colectivamente la autoconstrucción de viviendas, lucharon por servicios básicos, resistieron relocalizaciones forzosas y crearon sistemas de huertos que aún perduran. Estas experiencias no solo hablan de resiliencia social, sino que contienen lecciones valiosas sobre cómo las comunidades se organizan ante cambios ambientales extremos.
El proyecto IntegrateNbS, liderado por el Basque Centre for Climate Change (BC3), ha desarrollado un innovador proceso de co-creación de conocimiento con estos vecinos. A través de talleres participativos que incluyeron dibujos, esquemas y mapeos colaborativos, los investigadores junto a las comunidades identificaron lugares significativos y conectaron las memorias colectivas con los espacios físicos. El resultado es una cartografía emocional y ambiental que combina un mapa colectivo con un libro de historias ampliadas, ambos diseñados por la ilustradora Julia Álvarez Tola. Este material no solo documenta el pasado, sino que proyecta deseos y aspiraciones para el futuro del barrio.
De esta experiencia bilbaína emergen cuatro enseñanzas fundamentales que trascienden el contexto local:
Las narrativas orales trascienden la mera recolección de anécdotas. Constituyen una metodología rigurosa que combina elementos de antropología, geografía humana, historia oral y estudios de resiliencia socioecológica. En ciudades globales, donde las transformaciones urbanas han sido especialmente violentas, estas narrativas permiten reconstruir líneas temporales de cambio socioambiental que los registros oficiales suelen ignorar. Los relatos sobre ríos que fueron soterrados, montes que desaparecieron bajo el hormigón o huertos que sobrevivieron a la especulación urbana contienen información valiosa sobre umbrales ecológicos y capacidades adaptativas de las comunidades.
El enfoque de los Laboratorios Integrativos del proyecto IntegrateNbS, implementado también en Minsk, Sogndal, Gotland y Lund, demuestra que cuando se combina la ciencia climática con el conocimiento local a través de metodologías participativas, se generan soluciones más legítimas, efectivas y perdurables. Las narrativas orales actúan como puente entre el conocimiento científico y el saber experiencial, creando un terreno común donde diferentes actores pueden dialogar en igualdad de condiciones.
El paso de la memoria individual a la memoria colectiva no ocurre de forma espontánea. Requiere procesos cuidadosamente diseñados de facilitación y diálogo intergeneracional. En Bilbao, la combinación de habitantes originales, sus descendientes y migrantes recientes creó un espacio particularmente rico para este ejercicio. Las asociaciones vecinales jugaron un papel fundamental al identificar la necesidad de fortalecer la cohesión social en un contexto de creciente diversidad cultural.
Los métodos visuales —dibujos, mapeos y líneas de tiempo— resultaron especialmente efectivos para superar barreras lingüísticas y generacionales. Al asociar recuerdos específicos con lugares concretos del barrio, se generó una cartografía afectiva que trasciende la representación meramente física del territorio. Estos mapas emocionales revelan cómo ciertos espacios funcionan como anclas de identidad colectiva y cómo su transformación afecta la resiliencia comunitaria ante el cambio climático.
La memoria colectiva no solo documenta cómo las comunidades se adaptaron a cambios pasados, sino que ofrece principios orientadores para el diseño de estrategias futuras. En Bilbao, las historias sobre cómo los vecinos transformaron terrenos degradados en huertos productivos o cómo se organizaron para defender zonas verdes frente a proyectos urbanísticos ofrecen inspiración directa para el diseño de soluciones basadas en la naturaleza que respondan a las necesidades reales de las comunidades.
Este enfoque resulta particularmente relevante en el contexto del cambio climático, donde las soluciones técnicas aisladas suelen fallar por falta de apropiación social. Las narrativas orales ayudan a identificar qué tipos de intervenciones tienen mayor probabilidad de ser mantenidas en el tiempo porque responden a valores, necesidades y patrones culturales profundamente arraigados en la comunidad.
La experiencia de Bilbao dialoga con innumerables iniciativas similares en ciudades del Sur y Norte global. En Medellín (Colombia), los relatos de las comunidades de las laderas sobre cómo han gestionado el riesgo de deslizamientos durante décadas han sido fundamentales para diseñar estrategias de adaptación basadas en el conocimiento local. En Yakarta (Indonesia), las memorias sobre el manejo tradicional del agua en una ciudad construida sobre pantanos ofrecen lecciones críticas ante el hundimiento acelerado de la metrópoli. En Lagos (Nigeria), las narrativas de los habitantes de los barrios informales revelan sofisticados sistemas de gobernanza local que operan fuera de los marcos institucionales formales.
Estas experiencias comparten un patrón común: las comunidades que han enfrentado mayores adversidades suelen poseer los repertorios de adaptación más ricos. Las ciudades globales del Sur, que han urbanizado en condiciones de mayor precariedad, acumulan un conocimiento valiosísimo sobre cómo vivir con la incertidumbre ambiental. Recuperar estas narrativas no es un ejercicio folclórico, sino una necesidad estratégica para enfrentar los desafíos climáticos que se avecinan.
La recolección de narrativas orales plantea importantes desafíos éticos y metodológicos. ¿Quién decide qué historias se cuentan y cómo se interpretan? ¿Cómo evitar la exotización o romantización de experiencias de pobreza y exclusión? ¿De qué forma garantizar que las comunidades mantengan el control sobre sus propias narrativas una vez documentadas?
El proyecto de BC3 en Bilbao ofrece algunas respuestas interesantes al priorizar procesos de co-creación donde los vecinos no son meros informantes, sino co-investigadores y co-autores del conocimiento generado. El hecho de que el material final (mapa y libro) sea devuelto a la comunidad y esté disponible públicamente representa un paso importante hacia una investigación más democrática y transparente.
Para que las narrativas orales trasciendan el ámbito académico y tengan impacto real en la planificación urbana, es necesario desarrollar mecanismos institucionales que permitan su integración sistemática en procesos de toma de decisiones. Esto implica crear nuevos formatos de planeamiento que reconozcan diferentes tipos de conocimiento y establezcan canales efectivos de diálogo entre saber científico, saber técnico y saber experiencial.
Las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) ofrecen un marco particularmente propicio para esta integración. Al basarse en procesos y funciones ecosistémicas, estas soluciones requieren un conocimiento profundo del contexto local que solo las comunidades pueden proporcionar. Las narrativas orales pueden ayudar a identificar qué funciones ecosistémicas son más valoradas por las comunidades, qué tipos de intervenciones verdes tienen mayor probabilidad de éxito cultural y cómo diseñar sistemas de gobernanza que aseguren su mantenimiento a largo plazo.
Las ciudades interesadas en desarrollar programas de recuperación de memoria colectiva para la adaptación climática pueden considerar las siguientes orientaciones:
En resumen, las historias que cuentan los abuelos y vecinas de toda la vida no son solo recuerdos bonitos. Son auténticos manuales de supervivencia urbana que pueden ayudarnos a preparar nuestras ciudades para el cambio climático. Cuando escuchamos cómo la gente se organizó para crear huertos, defender parques o enfrentar inundaciones en el pasado, descubrimos ideas prácticas que los expertos a veces olvidan. La memoria colectiva nos recuerda que las mejores soluciones para el futuro de nuestras ciudades deben construirse con y para las personas que las habitan.
Proyectos como el de Bilbao demuestran que cuando juntamos científicos, artistas y vecinos para recuperar estas historias, creamos algo mucho más valioso que un simple archivo del pasado. Creamos puentes entre generaciones, fortalecemos el sentido de comunidad y, sobre todo, recuperamos la confianza en nuestra capacidad colectiva para enfrentar los desafíos ambientales que vienen. Cada barrio tiene sus propias historias de resiliencia esperando ser contadas y utilizadas para construir un futuro más verde y más justo.
Desde una perspectiva de gobernanza urbana adaptativa y epistemologías del Sur, las narrativas orales representan una forma de conocimiento situado que desafía la hegemonía de los modelos predictivos dominantes en la ciencia climática. Su valor no radica únicamente en el contenido factual que aportan sobre cambios socioecológicos pasados, sino en su capacidad para revelar regímenes de práctica, umbrales de resiliencia y principios de diseño que pueden enriquecer significativamente los marcos de Soluciones basadas en la Naturaleza. La integración efectiva de estos saberes requiere superar la mera “consulta” para avanzar hacia auténticos procesos de co-producción de conocimiento transdisciplinar.
Los Laboratorios Integrativos desarrollados en el marco de IntegrateNbS ofrecen un modelo replicable de cómo articular diferentes sistemas de conocimiento en contextos urbanos diversos. Para investigadores interesados en escalar este enfoque, resulta prioritario desarrollar indicadores mixtos que permitan evaluar no solo los resultados biofísicos de las intervenciones, sino también su legitimidad social, su capacidad de fortalecer capital social y su potencial para generar transformaciones institucionales profundas. La memoria colectiva, entendida como infraestructura blanda de adaptación, puede convertirse en uno de los activos más valiosos de las ciudades del futuro si logramos institucionalizar su incorporación en los ciclos de políticas urbanas.
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